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El déficit y las malas recetas keynesianas

01 Ago 2008 El déficit y las malas recetas keynesianas

El Gobierno ha incurrido en déficit. Nada que no se viera venir desde hace meses. El Gobierno y sus grupos afines ya se han apresurado a justificar el mal dato apelando al sacrosanto Keynes: el déficit público en épocas de crisis es positivo porque reanima la demanda agregada, mantiene el nivel general de empleo, evita que caiga el consumo y estabiliza las expectativas de beneficio empresarial para volver a iniciar el ciclo inversor.
No se trata aquí de refutar todas y cada una de las ideas de Keynes (aparte, ¿de qué Keynes? ¿el que defendía el patrón oro, el que defendía el papel moneda con tipos de cambio fijos, el que defendía el papel moneda con tipos de cambio flotantes, el que defendía Bretton Woods?), sino de explicar por qué el armazón esencial de la teoría simplemente es erróneo.

En España hemos vivido un auge brutal del endeudamiento privado promovido por los bajos tipos de interés del Banco Central Europeo.


(Fuente: Banco de España)
Este endeudamiento privado se ha concentrado esencialmente en el sector de la construcción en un sentido amplio (hipotecas, préstamos a promotores, préstamos a inmobiliarias…):


(Fuente: Banco de España)

Para financiar todo esta inversión masiva en la construcción sólo había dos caminos: o ahorrar internamente (lo que suponía restringir el consumo) o pedir prestado a los que habían ahorrado desde fuera. En España elegimos el segundo camino, lo que se tradujo en un crecimiento espectacular del déficit por cuenta corriente:

(Fuente: Banco de España)
Dicho de otra manera, consumíamos mucho (importando grandes cantidades de petróleo y de manufacturas asiáticas) e invertíamos mucho. Como no pagábamos en efectivo (dado que no vendíamos demasiado al exterior) pagábamos con deuda (“no te pago ahora, pero te pagará en el futuro”), que se tradujo en la venta masiva de cédulas hipotecarias al extranjero:

(Fuente: European Covered Bond Factbook, septiembre 2007)
Básicamente, los españoles nos convertimos en clase media americana: no ahorrábamos nada y consumíamos mucho gracias al margen de endeudamiento que nos proporcionaba la revaloración esperada de la vivienda.
Esto terminó a mediados del año pasado, cuando la crisis crediticia internacional nos impidió seguir vendiendo cédulas hipotecarias al extranjero y, por tanto, el crédito bancario interno comenzó a restringirse. El motivo esencial de esta restricción fue que no podíamos seguir financiando nuestro incremento simultáneo del consumo y la inversión con la deuda extranjera y, por tanto, para seguir consumiendo tuvimos que dejar de invertir. El principal consumo exterior que tiene la economía española es el de petróleo (2/3 del déficit corriente). Como ya comenté en este artículo, entre 2001 y 2007 la economía española no había pagado ningún barril de petróleo de los que había consumido, sino que se había endeudado para pagarlos gracias a las cédulas hipotecarias. A partir de 2008 no sólo tendremos que empezar a pagar la deuda antigua, sino los barriles que vayamos consumiendo.

En el gráfico podéis observar como tanto la tasa de variación mensual y anual del crédito desciende progresivamente desde agosto de 2007.


(Fuente: Banco de España)
La restricción del crédito a la construcción ha provocado el pinchazo definitivo de la burbuja inmobiliaria, lo que ha dado lugar a un enorme repunte del paro en la construcción:

(Fuente: INEM)

Lo que ha terminado afectando obviamente al consumo y a la capacidad de repago de sus deudas de todos estos trabajadores. Por este motivo, la crisis también se ha extendido a otros sectores como la industria o los servicios, donde el paro también se ha incrementado de manera notable:

(Fuente: INEM)

y la morosidad ha comenzado a repuntar de manera inquietante:

(Fuente: Banco de España)
A mayor morosidad, menor será la capacidad de los bancos para volver a expandir el crédito y, por tanto, para reanudar el ciclo inversor y de crecimiento.
Por consiguiente, recapitulemos los problemas y los riesgos de la economía española:

– Enorme endeudamiento que tiene que ir amortizando ahora.
– Brutal dependencia de las importaciones (petróleo) para continuar produciendo y por tanto amortizar la deuda.
– Pérdida de la capacidad para renovar la deuda con la que sufragar las importaciones.
– Inadaptación del sistema productivo interno para exportar las mercancías suficientes para sufragar las importaciones.
– Restricción crediticia interna para seguir pagando las importaciones.
– Paralización de la actividad productiva en todos los sectores dependientes del crédito.
– Incremento del paro, caída de la inversión y del consumo.
– Riesgo de impago de la gran cantidad de deuda, lo que podría abocar a la quiebra a los bancos y, en todo caso, restringir aun más el crédito (entrando en una especie de círculo vicioso).
Lo que me hace más gracia de als recomendaciones keynesianas es que toman las consecuencias por las causas. Si nos fijamos en toda la secuencia anterior, el consumo y la inversión (lo que ellos llaman demanda agregada) caen como consecuencia de otros desajustes anterior (la concentración del crédito al sector de la construcción y no en los sectores productivos que redujeran nuestra dependencia energética o nos permitieran exportar para sufragarla).

En cambio, los keynesianos sólo se fijan en la caída del consumo, de la inversión y del incremento del paro y concluyen: ésa es la causa de la crisis. No queda claro, sin embargo, por qué han caído el consumo y la inversión en primer lugar. Es más, la crisis se desata cuando el consumo y la inversión aun estaban creciendo a tasas asombrosamente altas (antes del primer trimestre de 2008):

(Fuente: INE)
Por tanto, no fue la caída de la demanda agregada lo que provocó la crisis, sino ciertos el consumo y la inversión mal orientados (especialmente en el caso de inversión en vivienda) por los bajísimos tipos de interés del Banco Central Europeo.
¿Cuál es la solución adecuada a la crisis? Bueno, la crisis es inevitable, ya que se deben purgar las malas inversiones. Tenemos una estructura productiva centrada en la construcción y en industrias poco centradas en la exportación, de modo que los factores productivos deben reorientarse. En concreto, o bien reducimos nuestra dependencia energética o bien empezamos a pagar la deuda pasada y las importaciones futuras vendiéndoles bienes y servicios a los extranjeros. Para ello hace falta una cosa: capital, es decir, ahorros. Es necesario invertir en nuevas industrias que suplan el problema anterior. ¿De dónde prodecen los ahorros para invertir? Ya lo he dicho: o ahorramos dentro o nos endeudamos fuera.

Ahora mismo tenemos una absoluta incapacidad para endeudarnos fuera (por la crisis crediticia internacional), así que sólo nos queda ahorrar dentro. ¿Y cómo ahorramos? Restringiendo el consumo. Justamente lo contrario de lo que propugnan los keynesianos. ¿Y cómo restringimos el consumo sin ser excesivamente doloroso? Bueno, las Administraciones Públicas captan más del 40% de la renta que generamos. Por tanto, un buen camino es que el Estado consuma menos (reducción del gasto público) y utilice los ingresos adicionales para: a) amortizar deuda pública o b) para amortizar deuda privada (devolviéndosela a los ciudadanos).

¿Y dónde entra el déficit público en todo esto? Bueno, el déficit público supone que el Estado en lugar de ahorra, consumo por encima de sus posibilidades. Es decir, capta los escasos ahorros que necesita el sector privado para reestructurarse y los utiliza en los más variopintos proyectos. El último, gastar 300 millones de euros para comprar suelo y construir VPO. La idea keynesiana es: esto creará empleo, mantendrá el consumo y relanzará la inversión.

El problema es que no debemos crear empleo en abstracto, sino empleo en sectores concretos. ¿Alguien cree que la crisis ha comenzado en España porque no hemos construido suficientes viviendas o suficientes infraestructuras? ¿Qué hace falta? ¿Asolar Madrid y volver a construirlo desde cero? No, nuestro problema ya lo he dicho: el déficit corriente y la excesiva (no deficiente) inversión en vivienda. Por tanto, la obra pública no es la solución a la crisis e incurrir en déficit para acometerla supone reducir los ahorros que necesita el sector privado para invertir en aquellos sectores más rentables. En un momento donde la deuda nos acosa por todos lados, el Estado añade aun más deuda a nuestro patrimonio.

Todo ello además, mientras el paro está aumentando y los ciudadanos tienen crecientes dificultades para seguir pagando sus deudas. No es necesario que explique qué les sucederían a los bancos (y a los ahorros de los españoles) ante un impago generalizado de las hipotecas y de los créditos empresariales.

Y no, la solución no está en subvencionar a los hipotecados. Simplemente porque ello supone detraer recursos al resto de españoles que, por ejemplo, podrán consumir o ahorrar menos. Y si consumen menos, es probable que traslademos los impagos desde las hipotecas a las empresas. En otras palabras, no hay que inducir quiebras políticas sino quiebras realmente motivadas por razones económicas.

En definitiva, el déficit público si es una tragedia en época de crisis porque supone realizar justo lo contrario de lo que necesitamos. El keynesianismo simplemente es como poco un error intelectual y más probablemente una excusa para vaciar el bolsillo de los ciudadanos y justificar las bancarrotas políticas.
Juan ramon rallo. Director del observatorio de coyuntura económica



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