Bolsa General, Análisis de bolsa y mercados | Crisis, pensamiento económico y futuro‏
6261
post-template-default,single,single-post,postid-6261,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,boxed,,qode-child-theme-ver-1.0.0,qode-theme-ver-7.7,wpb-js-composer js-comp-ver-5.2.1,vc_responsive
 

Crisis, pensamiento económico y futuro‏

02 Nov 2008 Crisis, pensamiento económico y futuro‏

La historia del pensamiento económico se reescribe en cada generación.

Mark Blaug en Teoría Económica en Retrospección

La crisis económica actual, además de todo el daño que está causando y va a causar irremediablemente, está dando muchísimo que hablar, generando divisiones y debates muy interesantes entre distintas corrientes teóricas del pensamiento económico, surgiendo, como consecuencia, muy diferentes recetas para suavizar o solucionar la presente situación.

Es muy probable que estemos en un momento histórico muy importante en lo que se refiere a la batalla de las ideas en el mundo económico, donde varios paradigmas teóricos compiten entre sí. Tal y como sucediera en la década de los 30 con las discusiones acerca de las causas de la Gran Depresión y las medidas para salir de ella entre, principalmente las de Keynes y Hayek, podemos estar en un momento crítico para el futuro del pensamiento económico.
En aquella ocasión fueron las ideas de Keynes las que ganaron el debate sobre las del austriaco, independientemente de quién tuviera razón. Esto pudo producirse por varias razones. En primer lugar, en esos años de aguda crisis lo más probable es que la gente prefiriera oír la visión de Keynes, que ofrecía soluciones fáciles y mágicas a corto plazo (un fantástico ejemplo de medidas a las que Hazlitt dedicó su lección) frente a un Hayek que sonaba muy pesimista. En segundo lugar podríamos considerar la posible falta de astucia a la hora de vender sus ideas tanto al público como en el mismo debate contra Keynes, además de la incomprensión y falta de claridad que podía despertar en sus colegas, causadas no solo por la dificultad de sus obras sino también por la ignorancia de éstos hacia la teoría del capital austriaca, punto fundamental que faltaba en Keynes y, dicho sea de paso, en los economistas mainstream actuales. En tercer lugar, las propuestas del británico daban manga ancha a los aspirantes a planificadores para llevar a cabo sus experimentos sociales. No en vano, Keynes llegó a escribir que su teoría general ‘se adaptaría con más facilidad a las condiciones que se dan en un estado totalitario que […] bajo condiciones de libre competencia y laissez-faire’.
En el contexto actual, y siendo simplistas, podríamos clasificar las explicaciones teóricas acerca de la crisis en dos grandes grupos: los que creen, como Samuelson, que ha sido causada por el laissez-faire yanki y su simpatía hacia la desregulación bancaria y financiera (algo difícil de creer si se tiene en cuenta que EE.UU. está a años luz de algo parecido al laissez-faire) y los que piensan que ha sido todo lo contrario, es decir, causada por el intervencionismo en varias de sus manifestaciones.
Los primeros llaman a enterrar definitivamente el legado de liberales como Friedman y Hayek (fue Samuelson quien los puso en el mismo saco) y a introducir mayores regulaciones, mayor poder a autoridades públicas para supervisar, poner coto a la avaricia de los inversores y asegurar la transparencia del sistema financiero. En el plano más geopolítico, se hacen llamamientos a realizar planes de acción coordinados entre América, Europa y Asia. Dicho de otra manera, estamos vislumbrando peligrosamente los próximos pasos de gigante hacia un mayor poder estatal, quizás (aunque pueda sonar algo conspiranoico) poniendo unos cimientos más del futuro Gobierno mundial que algunos desean.
Esto último concuerda perfectamente con la teoría del Ratchet Effect de Robert Higgs, que se podría resumir en que las crisis, ya sean depresiones económicas como especialmente guerras, son el mejor aliado del crecimiento del Gobierno, tanto en su tamaño como en su alcance, debido a la gran capacidad de los gobernantes de aprovechar al máximo la la docilidad, el miedo y la incertidumbre de los ciudadanos en situaciones de crisis, prometiéndoles la falsa seguridad que ofrece el Estado a cambio de su libertad. Sin embargo, esto último no se suele mencionar y la alternativa de una mayor planificación se plantea como la única: ‘¡Tenemos que hacer algo!’, claman los socialistas de medio mundo.
Muchas de las propuestas de los intervencionistas dan miedo. Pero el que nos adentremos unos grandes pasos más en el camino de servidumbre no es inevitable. Las crisis también pueden ser, aunque desgraciadamente pocas veces lo son, propicias para realizar reformas ambiciosas, como lo sería la necesaria reforma del sistema monetario y bancario. O para propiciar las primeras luces de un cambio de paradigma teórico. Y es que el aprender las correctas lecciones de la crisis actual puede tener implicaciones críticas para el futuro desarrollo del pensamiento económico, pero sobre todo y mucho más importante, para el presente y futuro bienestar y libertad de millones de personas, no solo en el mundo desarrollado, sino también en el Tercer Mundo.
Recordemos, para finalizar, las sabias palabras de Mises: ‘Todo se resuelve por la interpretación y explicación de los hechos, por las ideas y teorías […] Sólo las ideas pueden vencer a las ideas, y sólo las ideas del Capitalismo y del Liberalismo pueden vencer al Socialismo.’

Argentina: espejo del mundo

Cristina Kirchner ha decidido nacionalizar el sistema de pensiones en Argentina, algo que no ha gustado nada al mercado. El Merval, principal índice bursátil del país, cerró el miércoles con una bajada de 10% aunque llegó a caer más de un 18%. El riesgo país ha superado los 2.000 puntos básicos de prima, lo que es una barbaridad. A la vez, los bonos argentinos se han hundido más de un 10% debido a la fuga de capitales.
Todo el mundo sabe que la única explicación es que Kirchner usará el dinero de los partícipes de los planes de pensiones para pagar las deudas del Estado; algo que aviva un nuevo default y malestar económico para el ciudadano otra vez. A este respecto, Joaquín Morales Solá, hace una reflexión interesante en La Nación. Básicamente, se plantea que el Gobierno argentino tenía dos opciones: reducir su abultado gasto o robar al ciudadano. Evidentemente, la segunda opción siempre es la preferida de cualquier Gobierno.
Por el momento, podemos ver la acción del Gobierno argentino como una anécdota grotesca de un país que no es el nuestro, pero muchos países van a tener que elegir en un futuro entre la disyuntiva que comenta Morales, ¿reducir gasto o aumentar el saqueo? De hecho, se lo están planteando continuamente.
Miremos dentro de nuestro país. Alberto Ruiz-Gallardón ha decidido en plena crisis que los madrileños han de pagar un 20% más de impuestos municipales para el 2009. El alcalde, junto a más de 100 altos cargos, se ha elevado el sueldo casi un 12%. Si nos vamos a la costa mediterránea, vemos como el Ayuntamiento de Barcelona, sin darse cuenta de la crisis tampoco, ha elevado el gasto para el 2009 en casi un 9%. Como si fuera poco, un teniente alcalde barcelonés ha añadido “que no es un presupuesto expansivo”. Lo de Madrid y Barcelona no es una anécdota. Los municipios en general se están lanzando al saqueo indiscriminado del ciudadano para seguir recaudando ante la crisis. Más multas, más impuestos, más nuevas sanciones de todo tipo (750€ por tirar un chicle en la calle, 3.000€ por orinar en la calle, 900€ por tender la ropa…).
Si nos lo miramos desde más lejos, a nivel nacional, Zapatero tampoco sabe que hay crisis. Sigue aumentando los gastos y plantea unos Presupuestos Generales del Estado totalmente irreales para 2009. Traducción: más deuda del Estado, más déficit y más impuestos.
Si nos fijamos en la evolución de todos los Gobiernos occidentales en los últimos cien años, es indiscutible que todos tienden a aumentar la presión fiscal sobre el ciudadano y empresas para obtener más dinero. En un futuro inmediato, antes del 2020, el gasto del Gobierno se va a disparar sólo en pensiones y dependencia. Lo alarmante no es que el Gobierno va a llegar a esos compromisos sin dinero, sino la actitud irresponsable de ofrecer siempre más dinero a cambio de un voto.
A medida que se empiece a acercar ese momento, ¿qué cree que harán los Zapatero y Gallardón de turno? ¿Reducirse el sueldo? ¿Recortar gasto social? ¿Bajar impuestos a particulares y empresas? La historia nos enseña lo contrario. Tomarán la opción de Argentina: saqueo masivo a todo el mundo. Algo así sólo provocará fugas de capitales, cierre de proyectos empresariales ante la falta de seguridad jurídica, más desempleo, más inestabilidad, etc. De hecho ya está ocurriendo desde hace años, no es nada nuevo, pero el proceso podría acelerarse considerablemente.
Henry Thoreau decía que vivir en libertad tiene sus costes porque te has de esconder de la opresión del Gobierno continuamente. La disyuntiva está en cuán elevado es el coste. Los políticos nos están lanzando un mensaje claro. Somos sus huchas y cualquier cosa que nos hayamos ganado produciendo o tengamos ahorrado en diferentes activos es susceptible de sernos arrebatado tal y como ha ocurrido en Argentina. La única forma para que no nos roben más es ocultándolo de su extorsión fiscal y legislativa. El dinero donde mejor está es en nuestras manos, no en las del Gobierno que sólo sabe quemarlo en su propio beneficio. Evitar que nuestro dinero caiga en el bolsillo del Estado es garantizar nuestro bienestar futuro, de lo contrario, nunca más lo volveremos a ver.

Y España que?


España se enfrenta a la mayor crisis económica de los últimos 40 años. La destrucción de empleo, el creciente desequilibrio presupuestario y la intensa recesión económica acaban de dar comienzo y, por desgracia, contamos con un Gobierno que, además de mirar para otro lado, amenaza con subir los impuestos y disparar la deuda pública. Sin embargo, lo más preocupante es que carecemos de una oposición capacitada para afrontar el duro ajuste que sufrirán millones de españoles.
Resulta sorprendente y, sobre todo, triste, observar la escasa capacidad que muestra el Partido Popular a la hora de proponer alternativas realmente eficaces para atenuar los efectos de la crisis que se nos viene encima. Es indudable la desconfianza que inspira a todo liberal un Gobierno socialista al frente de una situación de estas características. Pero lo peor es que, hoy por hoy, no existe una alternativa real con el suficiente arrojo y valentía como para liderar desde el ámbito político los grandes retos y desafíos a los que se tendrá que enfrentar la economía nacional durante los próximos años.
Por citar tan sólo algunos ejemplos, España es uno de los países más vulnerables a la restricción de crédito internacional (credit crunch). Además, la banca del país y, sobre todo, las cajas de ahorro, precisarán recapitalizar sus balances conforme vaya aumentando la morosidad hasta niveles récord, debido a la elevada exposición de sus balances al desplome de la burbuja inmobiliaria. Por si ello fuera poco, nuestro mercado laboral es uno de los más rígidos del planeta, con lo que el incremento del paro está asegurado a medio plazo.
Nuestra alta necesidad de financiación exterior (déficit por cuenta corriente) y la escasa productividad e innovación propia de nuestra estructura productiva, junto al elevadísimo endeudamiento de empresas, familias, y ahora también Administraciones Públicas, colocan a España en una posición mucho más delicada que otros países de nuestro entorno.
Pese a ello, las medidas propuestas por el principal partido de la oposición, la formación de ‘centro reformista’ que lidera Mariano Rajoy, no arrojan ninguna esperanza en cuanto a la aprobación de las reformas estructurales que, con gran urgencia, precisaría la economía del país para evitar, en la medida de lo posible, la sangría que está a punto de acontecer. Y es que, España, al igual que Estados Unidos, corre el riesgo de sufrir, no sólo una dura y prolongada recesión (al menos 12 meses, con tasas de crecimiento negativas), sino un largo estancamiento económico al estilo de Japón. Es decir, 10 años con avances del PIB próximos a cero.
¿Y qué hace el PP mientras tanto? Criticar la gestión del Gobierno, lo cual nunca está de más, pero ¿dónde está la alternativa? El PP acaba de proponer como medida estrella limitar el aumento del gasto público a poco más del 1,4% del PIB en los Presupuestos Generales del Estado para 2009. Un ahorro próximo a los 2.000 millones de euros respecto al proyecto presentado por el ministro Solbes.
En un momento en el que los distintos gobiernos aplican inmensos rescates financieros e industriales de cientos de miles de millones de euros a cargo de los bolsillos de los contribuyentes, un ahorro presupuestario de 2.000 millones para las arcas públicas resulta, como mínimo, irrisorio, por no decir vergonzoso. Ni una palabra sobre la acuciante necesidad de reformar el mercado laboral para proceder a su total y completa liberalización, ni una reforma sustancial de la política fiscal con el fin de atraer capital extranjero y facilitar la creación de empresas y, por supuesto, no apostar en voz alta por la energía nuclear con el fin de reducir nuestra elevada dependencia energética.
Aunque eso sí. Ni una sola crítica oficial al paradigma del cambio climático no vaya a ser que los populares pierdan algún voto entre sus amplias filas ecologistas, ¿verdad? Siempre he considerado que en tiempos de crisis, como el actual, también surgen importantes oportunidades, no sólo a nivel económico sino también político. Pero el PP parece no enterarse, y prefiere esconderse bajo el abrigo de lo políticamente correcto.
Desde mi punto de vista, el inicio del fin del PP, tuvo lugar cuando el Gobierno de José María Aznar decidió dar marcha atrás al denominado decretazo que, lejos de cumplir los ideales puramente liberales, al menos apostaba por flexibilizar el pétreo ámbito laboral español.
Ha llegado, pues, el momento de posicionarse con claridad. Resulta más necesario que nunca apostar firmemente, y con convicción (cosa de lo que carecen los líderes populares debido a sus profundos complejos ideológicos), por la energía nuclear, la liberalización total del mercado de trabajo, una reducción histórica y sin precedentes a nivel fiscal (similar a la de Irlanda, aunque sería necesario ir más allá), una drástica disminución del gasto público mediante la privatización de la mayoría de los servicios (incluyendo la educación y la Seguridad Social), entre otras muchas medidas, como la liberalización del suelo y las reformas penales necesarias para garantizar la propiedad privada.
Por supuesto, nada de esto va a ocurrir. Es triste, puesto que asistimos a una nueva oleada de intervencionismo y proteccionismo económico que, en gran medida, amenaza con recuperar estructuras propias de un pasado oscuro y tenebroso, propio de bloques puramente socialistas. Por ello, apostar hoy en día más que nunca por el libre mercado, e, incluso, por qué no, por la instauración de un paraíso fiscal en la Península, dotaría a nuestro país de una ventaja competitiva respecto al ámbito internacional única en la historia de nuestra joven democracia. Sin embargo, mientras Rajoy, el centrista rojo, lidere la oposición, España seguirá careciendo de una alternativa política real capaz de facilitar la vida a los ciudadanos y la actividad económica a las empresas de este país.



wordpress theme powered by jazzsurf.com

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies propias para optimizar tu navegación, adaptarse a tus preferencias y realizar labores analiticas. Al continuar navegando aceptas nuestra politica de cookies. Puedes ampliar información sobre la política de cookies,

ACEPTAR
Aviso de cookies