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Biocombustibles ecológicos, la gran mascarada

13 Abr 2008 Biocombustibles ecológicos, la gran mascarada

A modo de introducción diremos que el término biocarburante engloba todos los combustibles líquidos o gaseosos derivados de la biomasa vegetal. Se dividen en biodiésel (obtenido de plantas oleaginosas: colza, soja, palma…) y bioetanol (procedente de fermentación de maíz, remolacha, trigo, cebada, caña de azúcar…).

Con frecuencia se toman decisiones equivocadas cuando problemas acuciantes demandan medidas urgentes. La irrefutable constatación científica del calentamiento global por aumento acelerado del dióxido de carbono, y la necesidad de reemplazar el petróleo por fuentes alternativas de energía, propiciaron vender al mundo, una solución equivocada.

Porque la primera premisa exigible a una alternativa es su eficacia y es evidente que, los biocombustibles no lo son. El Premio Nobel de Química 1988 Hartmut Michel lo demuestra de una manera admirable, argumentando la ineficacia de la fotosíntesis como método de almacenamiento de energía solar en biomasa (el biocombustible contiene menos del 0,4% de la energía solar que recibe su superficie durante su crecimiento). Asa ineficacia representa que la energía necesaria, en forma de transporte y fertilizantes, más su destilado hasta alcanzar la pureza necesaria, sea prácticamente equivalente a la que contiene el etanol resultante.
En comparación, las células fotovoltaicas actuales son un 100% más eficientes y su tecnología está aún mejorando.
H. Michel concluye que no hay ahorro de emisiones de CO2 y además, se promueve la deforestación Amazónica.
Sus afirmaciones son sustentadas por la mayoría de la comunidad científica. Un estudio del prestigioso Instituto Tecnológico de Masachuses, no sólo confirma que la sustitución de gasolina por bioetanol no contribuirá a mejorar el efecto invernadero, sino además, concluye que el uso de los biocombustibles aumentará el consumo de del petróleo a causa de factores tales como el aumento del transporte de fertilizantes, agua y resto de procesos requeridos.
Desde el punto de vista técnico es también una solución inaceptable por la cantidad de agua requerida en el proceso (se han venido consumiendo unos 3800 litros de agua por litro de etanol). Incluso con las últimas técnicas muy sofisticadas de reciclaje, la cantidad de agua perdida sigue siendo inadmisible. Recordemos que el agua es también un recurso muy escaso y una solución sostenible tiene que tomarla en consideración.
Adicionalmente, los biocombustibles, en su combustión no liberan dióxido de azufre (responsable de la lluvia ácida), pero producen acetaldehídos en combinación con la combustión de la gasolina, que son cancerígenos (en California por ejemplo, está prohibido su uso).

¿Qué fuerzas poderosas hacen que, a pesar de lo inútil de la solución, se continúe empujándola, sin reparar en el hambre,  la miseria y graves distorsiones económicas que se están generando?

Resulta chocante que el Presidente Bush y su Administración, con un bochornoso historial ecológico, sea precisamente el principal adalid de los biocombustibles.
El programa “20 en 2010” establece el empleo de un 20% de biocombustibles para el año 2010, el cuádruplo que la Unión Europea para ese mismo año (0.5%)

Estados Unidos establece una generosa subvención de más de medio dólar por cada galón (3,8 litros) de etanol entregado a una petrolera. El Congreso ha aprobado una elevación de la producción desde los 4.000 millones de galones a 7.500 millones en 2012.
Las implicaciones son enormes, habiéndose duplicado en los dos últimos años la tierra de cultivo de maíz para etanol, antes dedicada a alimentación. Hay estados (Dakota del Sur, Iowa…) en que más del 60%  de la producción de maíz es para etanol. Iowa es el mayor productor de soja y etanol de Estados Unidos. Los beneficios hacen que se haya abandonado en favor del maíz y soja, anteriores cultivos; sin rotar, empobreciendo el terreno y obligando al uso de grandes cantidades de fertilizantes.

Se han comenzado un gran número de nuevas plantas (62) con capacidad para prácticamente doblar la producción en mucho menos tiempo que el aprobado por el Congreso. Se conceden, además, créditos fiscales hasta 4.000 dólares, para la adaptación de  vehículos a etanol o biodiésel.
Precisamente una de las ventajas que empuja el uso de los biocombustibles es la facilidad de adaptación a los motores actuales. Es un combustible de características semejantes a las de los combustibles fósiles, que permite su utilización sin modificaciones o con modificaciones mínimas. La poderosa industria del motor EEUU (Ford,  General Motors y Chrysler) está pues encantada con la nueva tecnología, que tampoco representa peligro alguno para las petroleras; mientras que la industria nuclear, sólo espera la llamada de auxilio para acudir al rescate, en la resaca y confusión generada por el colapso de la chapuza.

El bioetanol necesario para llenar un solo depósito de todoterreno, equivale al consumo anual de maíz para alimentar una persona.

Con lo narrado hasta aquí, no extrañará que las reservas de grano mundiales apenas alcancen actualmente a 40 días, ni que se hayan elevado los precios más de un 126% en los últimos 18 meses, encareciendo los alimentos un 50% desde finales de 2006.
Sólo el maíz ha pasado de 133 dólares la tonelada (enero 2006) a 246 actual (46% de subida).  El trigo y la soja han experimentado incrementos similares, calculándose que, la subida de precio de los alimentos debida a los biocombustibles,  contribuyo en más de un 45% al aumento inflacionario global, y la tendencia, lejos de remitir, se está acelerando.

Los defensores del libre mercado, aseguran que las fuerzas de oferta y demanda actuarán, y que, aunque los precios subirán (entre un 20% y un 40% en los próximos 10 años), el abastecimiento humano estará garantizado por el incremento de cultivos al calor de esas subidas. Olvidan importantes factores. En primer lugar, la cantidad de terreno cultivado necesario para satisfacer ambas demandas, junto con los recursos hídricos requeridos. No menos importante es el factor distorsión introducido por las subvenciones, necesarias para garantizar la competitividad en coste de los biocombustibles. Subvenciones que juegan en contra de los países pobres al hacer sus exportaciones menos competitivas y son, además, contrarias a la esencia misma del sistema de libre competencia.

Con ser importante el efecto inflacionario, mucho más preocupante nos parece la repercusión sobre los más débiles, cuyo estado actual de malnutrición, derivará en un aumento intolerable del hambre en el mundo.

Es pues necesario desenmascarar a los que se ocultan detrás de la gran mentira.
Como hombres libres, tenemos una responsabilidad colectiva.
Los intereses detrás del negocio de los biocombustibles son poderosos. Muchos de ellos, son los mismos que, hasta ayer mismo, negaban la existencia del calentamiento global.
Pero también hay mucha gente de buena fe, mal informada, atraída por la etiqueta bio. Hay que despertarlos para sumar sus fuerzas.
Existen soluciones realistas para luchar contra el cambio climático. Soluciones sostenibles, de las que los biocombustibles no forman parte. Excepto claro, en casos como el de Brasil, en que la caña de azúcar crece sin necesidad de usar fertilizantes y sólo los desechos de la misma, se reciclan para obtener el combustible.

La extensión hace que omitamos aspectos fundamentales, como el renacer de prácticas proteccionistas, a las que ya estamos asistiendo. Practicas que consideramos, (como la historia se ha encargado de demostrar), uno de los mayores obstáculos para el crecimiento económico y camino seguro para la profundización de la crisis global.

Macrons analista macro.



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